PORTAFOLIO ACADEMICO
Este portafolio reúne una serie de ejercicios académicos desarrollados en el marco de la formación de pregrado en arquitectura, con un énfasis especial en la integración del territorio y las personas como elementos fundamentales del proceso proyectual.
A través de distintas escalas y metodologías, los trabajos aquí presentados buscan formar una mirada crítica y propositiva sobre el rol del arquitecto frente a los desafíos contemporáneos del hábitat. Cada ejercicio ha sido pensado como una oportunidad para vincular la creatividad con el análisis contextual, promoviendo soluciones que respondan a las dinámicas sociales, culturales, ecológicas y urbanas de cada entorno.
El objetivo es que los estudiantes desarrollen una aproximación sensible y estratégica hacia el territorio, entendiendo la arquitectura no solo como una disciplina de diseño, sino como una herramienta de articulación entre las personas, los espacios y las estructuras que los sostienen.
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Todos somos pasajeros.
Esta selección de proyectos académicos está unida por una misma pulsión: la del explorador que desea recorrer —o simplemente permanecer— en paisajes y territorios que parecen prohibidos. Lugares que escapan a las capacidades físicas humanas; que resultan peligrosos porque han sido intervenidos, industrializados o sacrificados; o que son demasiado frágiles, por depender de un equilibrio natural que deberíamos considerar sagrado.
Estos trabajos nacen del deseo de imaginar propuestas incluso allí donde no está permitido construir ni habitar. Propuestas que no buscan dominar el territorio, sino abrir nuevas formas de relación con él. Formas que lo reconozcan y lo valoren, que evidencien sus fuerzas invisibles —climáticas, geográficas, sociales— y que lo reivindiquen como un sistema natural vivo.
La observación de lo particular, la atención a los vectores que tensionan el territorio, la lectura de su peso en el tiempo o de sus movimientos proyectados, son algunas de las herramientas desde las que se parte. Cada proyecto es una abertura: una entrada posible al paisaje como materia de trabajo, pero también como proyecto en sí mismo.
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Tierra del Fuego: arquitectura del viento y la permanencia
Los objetos naturales moldeados por el viento —piedras, maderas, restos vegetales— se esparcen por el vasto y salvaje territorio de Tierra del Fuego. Este lugar, azotado por ráfagas capaces de quemar con su sola fuerza, da forma a todo lo que toca. Cada uno de estos elementos revela en su superficie una manera de erosionar, de encontrarse, de interactuar con el entorno. La fuerza invisible del viento no solo transforma lo sólido, también pone en movimiento materiales suspendidos, livianos, que adquieren trayectorias propias, como si bailaran con el paisaje.
En este entorno extremo, el ser humano es apenas un pasajero, habitando un espacio prestado por un tiempo breve. Pero esa fragilidad también representa una oportunidad para la arquitectura: la de aprender de la naturaleza y prolongar la experiencia de estar allí. A partir de la observación atenta de los objetos encontrados, se ensaya una forma de diseñar que no impone, sino que se impregna del territorio, permitiendo una permanencia más profunda.
Se selecciona entonces una colección de objetos naturales hallados en el lugar, que funcionarán como sistema, como lenguaje. Este proyecto plástico será la base para un dispositivo arquitectónico que, inspirado en esas lógicas del entorno, permitirá interactuar con él y permanecer un poco más dentro de su intensidad indómita.
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Punta de choros. Dispositivos flotantes: exploración material y biodiversidad submarina
En el mar que rodea las tres islas que conforman la Reserva Ecológica Marina, habita una biodiversidad extraordinaria, reconocida y estudiada por algunos de los más destacados científicos del mundo. Para apreciarla, es necesario descender unos 20 metros bajo la superficie, atravesando una densa oscuridad azul. Al llegar al fondo, se revela un paisaje de colores intensos, invisibles desde tierra firme, y una vida marina tan abundante que cualquier mínimo movimiento corporal establece contacto con miles de organismos vivos.
La inmersión depende de tres elementos fundamentales: algo que flote (el barco), algo que conecte (la cuerda) y algo que pese (el ancla). Juntos, conforman el portal de acceso a un mundo desconocido, un espacio que no nos pertenece, pero que nos invita a explorarlo. A partir de esta tríada se concibe el primer dispositivo flotante: un modelo conceptual de las islas, basado en la relación entre flotación, conexión y anclaje.
Desde la libertad material de estos modelos conceptuales y su interacción con el agua, se aprende directamente de las propiedades físicas del entorno: su impermeabilidad, su densidad, su capacidad de sostén o inmersión. Sumergirse se convierte en una experiencia expandida. La forma y porosidad de cada elemento sugieren principios de contacto entre el cuerpo construido y la vida marina con la que interactúa. Allí se proyecta una visión de futuro: una simbiosis posible, que considere los efectos del tiempo en esa relación, y que permita imaginar nuevas formas de habitar y coexistir en equilibrio con el medio.
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Sumergirse para habitar una costa en movimiento.
La costa de Chile se extiende a lo largo de 6.500 kilómetros, desde el desierto más árido del planeta hasta los densos y poco explorados bosques del sur. El Océano Pacífico —paradójicamente nombrado— se relaciona con esta línea costera a través de formas diversas, intensas y nada sutiles. Acceder a él exige técnica y valentía: hay que enfrentarse a la temperatura, las mareas, el viento y los caprichos impredecibles de ese encuentro.
A partir de esta tensión, se desarrollan modelos conceptuales con líquidos, utilizando conjuntos de contenedores que permiten experimentar con luces, sombras y movimiento. De esta experiencia sensorial se extraen las líneas principales que darán forma a una propuesta de balnearios flotantes: estructuras pensadas para dialogar con la fuerza del mar, no desde la resistencia, sino desde la adaptación.
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Megaestructurras de regeneración ambiental para zonas de sacrificio.
Codelco Ventanas es una de las principales responsables de la emisión de dióxido de azufre en la zona, y ha sido objeto de una demanda histórica por parte de sus habitantes, tras reiterados episodios de intoxicaciones masivas. Sus playas, sin embargo, siguen siendo destino de surfistas que valoran la calidez del agua, sin cuestionar el origen de su temperatura. Los gases arrastrados por los vientos han dejado su huella: parques de relaves, fisuras en los suelos y una atmósfera que remite más a la ciencia ficción que a la vida cotidiana.
La corrosión que sufren los materiales expuestos por largos períodos en este entorno genera texturas y deterioros difíciles de imaginar en otro planeta. Es un lugar donde resulta casi imposible diseñar para el ser humano. Sin embargo, la escala de la industria ofrece una lección contundente sobre el poder de transformación territorial. Frente a ello, la propuesta consiste en diseñar megaestructuras capaces de incidir en el paisaje: detener, regenerar o redirigir el avance de la contaminación.
Estas estructuras se proyectan a partir del estudio de los vientos predominantes, las mareas y las pendientes principales del terreno, definiendo así su ubicación precisa y los vectores que tensionan el territorio. A partir de ello, se plantea un ejercicio plástico: estructuras livianas con capacidad de soportar grandes cargas. La combinación de ambos procesos da origen a la forma y a los circuitos de cada dispositivo. Lo pesado representa el sistema captador y transformador de la contaminación; lo liviano, la red que le permite expandirse.
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